Ayer jueves nos dejó nuestro paisano y amigo afincado en Valladolid , Manuel Montero Iñiguez, conocido entre todos como Manolo Cochejo. Buena gente! D.E.P.
Ayer jueves nos dejó nuestro paisano y amigo afincado en Valladolid , Manuel Montero Iñiguez, conocido entre todos como Manolo Cochejo. Buena gente! D.E.P.
Hoy quiero recordar a DOÑA MARÍA LUENGO BLÁZQUEZ, mujer a la que todos hemos acudido con algún que otro problema óseo o muscular.
Nació el día 20 de mayo de 1924 en el número 15 de la Calle Los Serranos.
Se caso el 13 de noviembre de 1945 con Valentín García López y tuvieron seis hijos: los mellizos Aniceto y Aniceta, Valentín ( estos tres murieron a los tres años de lo que llamaban “cólico misere”), Juan, Luz Divina y Valentín.
Tía María nació con dos dones especiales, el aliviar nuestros dolores óseos o musculares y el de la bondad.
Fue la huesera o “algebristas” de los pasaroniegos (álgebra en árabe tenía también la acepción medico-quirúrgica de “Arte de reponer en su lugar los huesos dislocados”).
Durante muchos años, para tratar malestares relacionados con el sistema musculo-esquelético, torceduras o dislocaciones de los huesos, los vecinos de Pasarón y pueblos limítrofes estuvieron en manos de esta gran mujer. Era la persona que alivió y mejoró nuestro sistema locomotor gracias a la aplicación de fricciones, estiramientos tendinomusculares y una buena dosis de bondad y altruismo. La falta de recursos para sostener los gastos médicos que nos afectaban contribuyó a que esta metodología de atención a nuestra salud se utilizara como eficaz recurso.
Recuerdo que para acomodar un hueso dislocado o una torcedura acudíamos a su casa y, sin pereza alguna, dejaba lo que estuviera haciendo para atendernos. Recurría al masaje y la “friega” para localizar el hueso dislocado. Una vez efectuada la exploración y para facilitar la colocación exacta del hueso nos aplicaba aceite de oliva y con las yemas de los dedos nos “componía” el hueso.
Creo que sus manos eran un simple instrumento y la bondad de su corazón hacían el resto.
A mediados de 1778 esta Cofradía tuvo su ermita antigua en el rodeo del Prado de las Carretas. Desde allá se trasladó la imagen a la nueva ermita ubicada a la salida de la Villa, junto al camino que conducía a Jaraíz. Es sin duda alguna la ermita nueva a la que, alrededor de 1738, se alude cuando se habla de la ermita del Cristo de la Misericordia que “se estaba edificando”.
En el Interrogatorio sobre Pasarón efectuado por la Real Audiencia de Extremadura en 1791 se responde que hay en esta Villa otra ermita extramuros de esta Villa en la que se venera la imagen de un Santísimo Cristo Crucificado con título de la Misericordia; goza de un huerto, unos olivos y un moral, todo de corta utilidad y su producto se invierte en reparos de la ermita por medio de la persona que el Ayuntamiento elige para su aseo y decencia.
La Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia nace en el año 1902, con treinta y un hermanos y catorce viudas. En concreto, el día veintiuno de septiembre de 1902 se celebró el primer Cabildo General con el fin de aprobar los estatutos, siendo nombrado Mayordomo D. Eugenio Fernández y Diputados D. Eusebio Fernández y D. Manuel Ramos. Como Alcalde de la Cofradía el Mayordomo saliente, D. Rafael Pablos, y Secretario D. Dionisio Fernández. Para el Cabildo Menor o Junta para intervenir en la cuentas, gastos y obras fueron nombrados el Sr. Cura Párroco, D. Juan Bejarano, y el Hermano entrante D. Eugenio Fernández, el Saliente D. Rafael Pablo, D. Fermín Álvarez y D. Manuel Aguilar. Como Depositario de alhajas, ropas, dinero del fondo y limosna se designó a D. Román Álvarez.

Su instituto era “asistir a los entierros de los cofrades y procesiones del Santo con un estandarte, con el “retrato” del Santísimo Cristo de la Misericordia. La víspera del Santísimo se le trae en procesión a la parroquia, se cantan en ella las vísperas, el día misa solemne con sermón y después se vuelve a su ermita”.
Ya esta a la venta el libro escrito por nuestro ilustre vecino D. Juan Cándido Matías Vicente titulado “Cosas y Casos de Pasarón”, editado por Ediciones de Cultura Cristiana.
Es el tercer libro escrito por J. Cándido Matías Vicente y en él se “habla del auténtico Pasarón, con sus luces y sus sombras”.
La presentación del mismo tendrá lugar el próximo día 7 de septiembre, dentro de los actos programados en los Encuentros Culturales del Palacio.
A continuación transcribo literamente su prólogo, escrito por el Sacerdote D. Antonio Caño Valleros.
PROLOGO
Los pueblos que viven intensamente crean cultura. Cultura que con el paso del tiempo se va haciendo historia. La historia de los pueblos es la memoria que ha forjado su presente y que mantiene viva la esperanza de un futuro mejor. Pues la historia lleva en su alma la esencia cotidiana del vivir de un pueblo, pero a la vez lleva la esencia de cada uno de los hombres y mujeres que tejen la vida del pueblo.
Para la historia todos los hechos son relevantes, lo son sin duda los grandes hitos de acontecer político, social, religioso, pero lo son también las pequeñas costumbres, las tradiciones que pasan de generación en generación, las leyendas y los cuentos que alimentan la fantasía de la niñez y de la ancianidad. También forman parte de la historia.
El libro que tienes entre tus manos habla de acontecimientos históricos con mayúscula, habla de lo cotidiano, del día a día, de las costumbres, de los hechos que pasan de generación en generación y forjan el alma de un pueblo.
En cada comunidad hay hombres que con visión de futuro saben mirar al pasado y se toman la molestia de escudriñar en los archivos, en los viejos legajos, en los libros de cuentas de donde va destilando dato a dato la historia del pueblo. Así, Juan Cándido Matías y Vicente, ha publicado ya dos libros sobre la historia religiosa de Pasarón, regalando a sus paisanos interesantes monografías de las historia pasaroniega.
Esta vez, además de escudriñar los archivos, ha escudriñado los corazones para descubrirnos de forma amena y profunda las costumbres, los hechos y los dichos de Pasarón de la Vera.
En cada uno de los epígrafes el lector podrá encontrar datos y anécdotas que van descubriendo el alma de Pasarón, que sin duda le traerán recuerdos del pasado y con los que se sentirá profundamente identificado.
Como pasaroniego de adopción, quiero agradecer a D. Juan Cándido Matías y Vicente el entusiasmo y el trabajo que ha realizado para escribir este su tercer libro, que saborearemos en esta generación y que quedará para que otros muchos pasados los años, puedan ver y comprobar cómo se vivía y se pensaba en este pueblo, dándose cuenta de que las formas y las modas cambian, pero la esencia es siempre la misma.
Con el deseo de que la esencia del alma pasaroniega se mantenga siempre viva en el corazón de los hijos de este pueblo, te invito a la lectura de este apasionante libro en el que sin duda te verás reflejado. Antonio Cano Valleros, Sacerdote.
Primeramente felicitar a Samuel Martín García, Concejal del Ayuntamiento de Pasarón, por la iniciativa sobre los rincones y balcones de Pasarón.
Los balcones y ventanas de Pasarón, como elementos arquitectónicos de su arquitectura popular, se caracterizan por su funcionalidad y sencillez en cuanto a la ornamentación se refiere. El colorido lo facilitan las hojas y flores de las macetas.
Las carpinterías son de madera de castaño, unas veces con portones y otras con contraventanas ciegas para controlar la entrada de luz y evitar pérdida de temperatura en el interior.
Las rejerías son de forja, con diseños simples ( barrotes redondos o cuadrados girados) y con pocas concesiones a la decoración .