Fallece Teodoro Rufo
Hoy nos ha dejado nuestro entrañable vecino y gran seguidor de los Toros tradionales de Pasarón de la Vera Teodoro Rufo Pablos, Teodoro el de “Las Ra”.
Descanse en Paz.
Publicación D. Gómez de Solís y Toledo
Dentro del acervo cultural de Pasarón de la Vera contamos con la publicación del libro ” D. Gómez de Solís y Toledo. Un santo pastor entre agarenos y comunero” del profesor D. José Antonio Sánchez Prieto.
El lbro es un completo trabajo de investigación histórica sobre el Obispo que fue de Plasencia, D. Goméz de Solís y Toledo, personaje muy ligado a Pasarón de la Vera.
INTRODUCCIÓN
D. GÓMEZ DE SOLÍS y TOLEDO, obispo de Plasencia (1508-1521), ejemplo de virtud y humildad, es uno de los personajes menos conocidos pera más decisivo, no sólo para la Diócesis de Plasencia, dando un fuerte impulso a las obras de nueva catedral, sino también para la obra del Monasterio de Yuste. Aunque nacido en Cáceres, residencia de su familia paterna, su lugar preferido fue Pasarón, Señorío de su madre y donde residiría parte de su infancia y durante todo su obispado en la casa solariega o primitivo Palacio de Pasarón.
Hemos titulado así esta semblanza de D. Gómez de Solís pues su vida pastoral transcurre entre los mudéjares granadinos, al lado de su gran maestro Fray Hernando de Talavera y el movimiento comunero al final de su vida y del que es en definitiva víctima; sin olvidar los graves sucesos que durante su infancia le tocó vivir a su familia y que forjan su carácter.
Su figura ha quedado históricamente relegada o arrinconada, en especial a la hora de determinar su contribución en obras que son específicamente suyas, debido a que usó la misma heráldica que su antecesor en el cargo, por lo que nuestro propósito -a ser posible-es poner las cosas en su sitio.
Haremos hincapié especialmente en aquellos aspectos que marcan su trayectoria espiritual, que nos dan todo un perfil de hombre volcado a hacer el bien y que presenta todas las características que hoy definiríamos como un hombre santo.
Cierre del Bar Extremeño
El pasado domingo, día 17 de septiembre, cerró para siempre Jesús Luengo El Bar Extremeño. Quizás para mucho será un hecho más, para mí no lo es. Desde aquí hago un ejercicio para recordar un bar donde pasé muchas horas, donde viví muchas vivencias, donde mantuve muchas conversaciones y alguna que otra polémica.
El Bar Extremeño había abierto hace más de 38 años y ahora Jesús y Deme, sus propietarios, se han jubilado. El último día, un grupo de amigos que lo frecuentamos nos encontramos a última hora de la tarde para tomar un último café, la ultima cerveza, la última copa, a celebrar un pequeño homenaje y hacerse fotos de despedida. En las caras se distinguía un gesto festivo y al mismo tiempo de pena, de nostalgia. No era para menos.
Quiero recordar el Bar de Jesús, como popularmente hemos lo hemos llamado, porque sus paredes exhiben cuadros, bufandas y banderas de su eterno Athlelico de Madrid. Un cuadro de su equipo local de futbol sala (el mejor equipo que ha dado el pueblo, modestia aparte) y los trofeos obtenidos.
Era un bar con carácter y además era un punto de encuentro. En el extremeño se jugaba al billar, al futbolín, se hablaba mucho de fútbol porque era la sede de los athléticos. Jesús escucha todas las opiniones y luego da la suya desde la perspectiva de su athlético, que suele ser forofa. Me viene a la memoria como vivimos el partido España-Dinamarca del Mundial de Mexico ´86.
Siempre recordaremos la corridas televisadas de la Feria de San Isidro, donde Aquilino y David formaban parte del ambiente taurino.
Después, ese momento de efusividad se repitió muchas veces y de las formas más diversas, jugando a cartas, comiendo, bailando, bebiendo, viendo el fútbol con los amigos. En el extremeño se producía esa cosa tan literaria que sucede en los bares con historia: tienen un motor fabulador, que se lubrica con el paso del tiempo y que está hecho de anécdotas, discusiones, charlas. Uno entra solo, para matar el rato, y enseguida alguien comenta que si eso, que si lo otro, y pronto ya está arreglando el mundo. ¿Se puede pedir más? Sí, otro café, el último, y gracias por todo a Jesús y Deme.
Os queremos.