ENCIERROS DE ANTAÑO EN PASARÓN DE LA VERA

El origen a los encierros fue el traslado de los toros desde el campo hasta la plaza. Nace, por tanto, de la necesidad de llevar a los animales desde el campo hasta la plaza. Según me comentaba mi abuela Margarita, torera donde las hubiera y primera mujer que pidió la Plaza en Pasarón acompañando a su padre, Braulio, el encierro se hacía a primera hora de la mañana. El toro se guardaba en la Cárcel que estaba ubicada en la planta baja del Ayuntamiento y las vacas se guardaban en la calle que baja desde la Plaza a la Calle Larga (Real), en el desancho de la puerta de Félix “Mono”.

Aunque no siempre fue así. Como ya he referido hace tiempo la primera noticia sobre los toros en Pasarón aparece en la Ordenanzas de 1565 y dice así “Toro Yten q el carniçero q fuere en esta villa  sea obligado de dar el alegria de un toro el dia de señor  San Salvador q es la vocacion de esta villa  de su Iglesia y a de ser bueno de quatro años arriba, cojudo, el ql a de dar ençerrado en el toril en puniendosse el sol la vispera de San Salvador o una hora despues ( ….) y ql Conçejo sea obligado a  comer el dicho toro (…).

PLAZA DE LA IGLESIA DE PASARON DE LA VERA 1973

Siguiendo el viaje que realizaron los arquitectos Rafael Chanes y Ximena Vicente por Pasarón en el año 1973 hoy nos paramos en la Plaza de la Iglesia y que ellos vieron así:

“Es el primer espacio urbano que nos recibe en el pueblo al penetrarlo por la empinada cuesta de la Avda. de José Antonio, cuando llegamos a él desde la carretera de Tejeda. Muchos son los coches que se detienen en la plazoleta-vestíbulo que forma esta avenida de José Antonio, al ensancharse antes de doblar hacia la derecha para adentrarse en la Plaza de la Iglesia; su excesiva pendiente equivoca a los conductores y les obliga a cambiar a una marcha más poderosa.

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Al entrar a la Plaza, la pendiente desemboca en una explanada junto al portal lateral de la Iglesia, y se siente entonces una experiencia aliviadora, de descanso.

El recinto es un espacio alargado, dividido en dos niveles, con una diferencia de unos dos metros entre ambos, pero el pavimento los une a través de una rampa, lo que hace que su unidad no se desarticule. Aparece la masa de piedra del edificio religioso como una gran  muralla que la cierra por el costado sur y el resto de los paramentos del recinto está constituido por viviendas de tres plantas en el plano más bajo ( el de la Iglesia), y de dos planta más una planta de menor altura, “sobrado”, en el plano más alto. Todas las casas alcanzan la misma altura en el contorno de la plaza, a pesar de la diferencia de niveles, lo que logran gracias a la menor altura sobre la rasante de las viviendas del lado norte; así, los aleros forman una línea que apenas queda más baja que el volumen de la iglesia, con lo que se consigue una gran horizontalidad y tranquilidad visual en el entorno. Aparece, como dominante, la famosa torre de Pasarón, que data del siglo XIII.

La iglesia es una pared desnuda, de color ocre oscuro que se independiza notoriamente del resto de la arquitectura,  compuesta por edificios blancos, cúbicos, muy lisos, con la característica pesantez de las viviendas populares extremeñas reforzados por elementos tales como las aristas enmarcadas por piedras sin encalar formando un endentado, por los portales de dinteles y jambas de piedra y por los balcones de delicada apariencia, hechos de hierro y que se diría que desaparecen ante la fuerza volumétrica del total del edificio. Al costado oriente aparecen tres casas de tres plantas: la más próxima a la iglesia es la dominante a causa de su colorido y sus cinco balcones, tres de los cuales se asoman desde tres ventanas con arcos, en la tercera planta. Las otras dos poseen solana en la tercera planta, a pesar de los frágiles “balcones extremeños” que poseen en su planta segunda, quedan mejor incluidas dentro de la tipología de la casa de La Vera.

El suelo lo constituye una superficie pavimentada que deja asomar aisladamente algunas piedras del antiguo empedrado ( en un afán algo desesperado por conservar el “tipismo”), y que se desdobla en planos inclinados para adaptarse a la movida topografía del lugar donde se emplaza Pasarón de la Vera.

Fuera del portal adosado al muro alto de la iglesia y de un banco de piedra que es a continuación de este mismo, no hay otros elementos espaciales o de uso que inviten a actividades específicas; sólo existe una tienda de ultramarinos. La vida aquí se produce a la salida de la misa los domingos o en las fiestas del pueblo. Normalmente el uso de las dos plataformas es el de estacionamiento para coches, preocupación que ha llevado al Ayuntamiento al instalar un perfecto sistema de señalizaciones”.

Textos Arquitectura Popular de La Vera (1973) de Rafael Chanes y Ximena Vicente.

ARQUITECTURA POPULAR DE PASARÓN DE LA VERA 1973

En el año 1973 los arquitectos Rafael Chanes y Ximena Vicente publican el Libro Arquitectura Popular de La Vera, premiado por la Secretaría General Técnica del Ministerio de la Vivienda en el Concurso de monografías de 1972.

A continuación, y en varias publicaciones, voy a transcribir literalmente lo publicado para sea más ameno.

La estructura urbana del pueblo de Pasarón de la Vera  puede entenderse como dividida en dos áreas por la Garganta Concejil. Todo el sector o barrio poniente, que es donde se efectúa la vida comunitaria de sus habitantes, está claramente estructurado por tres plazas que toman su nombre o se identifican con el edificio principal que las preside. Son éstas: Plaza de la Iglesia, la Plaza del Palacio y la Plaza de España (o plaza del Ayuntamiento).

Dibujo de Rafael Chanes y Ximena Vicente

LA ERMITA DE LA CONCEPCIÓN, ESTANCIA Y HOSPITAL MARIANO DE COMUNIDADES NÓMADAS.

Foto municipal recuperada por D. Teodoro Sáez Marcos

Mi abuela Margarita “La Relámpaga” me contaba cuando yo era pequeño que asistió como matrona a algún que otro parto en la Ermita de la Concepción de alguna mujer que se alojaban de forma esporádica en el portal de la Ermita. Recuerdo aquellas gentes, de tez morena, pies descalzos y un carro tirados de mulas para ir de pueblo en pueblo.

Eran los mercheros, comunimidad que durante años vivió de una forma nómada trabajando como quincalleros u hojolateros. Durante el franquismo fueron perseguidos y cayó sobre ellos un estigma que acabó identificando su nombre con los malhechores; de quincalleros pasaron a llamarles “quinquis”.

Cuando venían a Pasarón, su estancia era el soportal de la Ermita de la Concepción. Hoy me pregunto cuántos y cuántas pasaroniegos y pasaroniegas nacieron en tan improvisado “magno hospital mariano”.

Recordar que justo más abajo se encontraba lo que denominaban el hospital de los pobre, a la entrada del Camino de las Talayuelas y que, según mi parecer, pudo se un complemente habitacional a nuestros queridos mercheros.

Plano de catastro de rústica de 1966

Debo recordar que Pasarón siempre ha sido un pueblo acogedor, hospitalario, transigente y muy solidario.